He de disculpar nuevamente mi ausencia de los oficios, pero es que tuve la visita de un hermano cartujo que empeñose en que no ayuntaramos para una semana de purga y penitencia mutua.
Es el padre de este hermano un hábil artesano del esparto en la noble villa de Barrax, asi que obsequiome con una cordelería de dicha fibra con la cual hicimos unas deliciosas prácticas de fervor ascético, y es que te dejaban tales estigmas sobre la piel dichos cordeles que asemejaban los elementos martiriales de santa Erwinia de Carotto.
Mas tuve que despedir a mi fervoroso monje ya que esta semana tenia concertados unos oficios con otro feligrés en una villa próxima.
El pasado domingo decidí continuar con mi documentación sobre esta piaodosa ciudad, y es que habia oido de una prácticas que resultábanme un tanto peregrinas, por no decir paganas, sobre las cual os voy a narrar a continuación.
Bien es conocida la herencia romana y musulmana de esta ciudad, de ahí que se haya conservado la antigua tradición de las casas de baños. Esta es una práctica higiénica digna de alavanza, y es que para nuestra Casa, la higiene siempre se ha considerado una virtud; pero su origenes paganos y moriscos me hacían pensar que quizás estas costumbres no se les estuviera dando el uso que es menester.
Dada la cercanía a la Casa, dirigiose mis pasos hasta una casa de baños llamada Magnus, quizás en honor del Altísimo. Un amable paisano cobrome el debido portazgo y accedí a las mismas.
Tuve cierto rubor a desvestirme en la estancia destinada a tal efecto, y es que ya desde pequeñas se nos enseña a ver nuestra desnudez con vergüenza, pero decidida a llegar hasta el fondo en mis pesquisas me armé de valor y coraje y continue con dicho acto.
Me parecio la casa de baños un lugar con ambiente agradable, una luz tenue que invitaba a la reflexión y recogimiento y una atmosfera con un agradable aroma a agua de rosas.
Seguí un ritual de abluciones que me había sido recomendado, seguido con visitas a unas estancias llamadas saunas, que con un calor que mismamente podría proceder de las calderas de pedro botero, nos hacen reflexionar y tomar conciencia del pecado y la virtud.
Un feligrés que confesome ser su primera visita decidió introducirme en la toma de conciencia sobre el pecado en dicha estancia. La experiencia en mi modo de ver personal fue altamente enriquecedora, pero dada la temperatura ambiental decidí cambiar de estancia.
Tras el sofocante calor pasé a un baño de purificación que dicen procede de los monjes sintoistas del lejano Cipango, aunque pareciome dicha práctica un tanto pagana me animé a probarla.
Era ciertamente purificadora la experiencia, cerré los ojos y note como el agua burbujeante me hacia ascender a un estado de consciencia superior. Otro amable paisano que compartía experiencia se ofreció amablemente a masajear mi bajovientre para ayudarme a expulsar los malos humos y alcanzar más facilmente dicho estado espiritual.
Dirigí a posteriori mis pasos hacia unos oscuros pasadizos que conducian a unas salas de penitencia, donde tres hermanos franciscanos con los que platiqué en la pasada romería al monte Tallac hallabanse casualmente en el lugar y compartieron profundamente su fervor conmigo.
Por ultimo me aconsejaron visitar la sala de las nubes, y es una sala en la cual una se encuentra inmersa en una nube de vapor, que asemeja a la gloria celestial y en la cual en la más profunda oscuridad se alcanza tal estado de sensaciones que te elevan a un encuentro místico consigo mismo.
Sofocada y acongojada por la experiencia, practiqué de nuevo las consabidas abluciones rituales y abandoné el lugar.
Solo puedo decir que estoy maravillada de como tal muestra de eclecticismo cultural de esta santa ciudad ha sabido aprovechar una herencia pagana y transformarla en una experiencia mística impresionante.
Tendré que acostumbrarme a estas nuevas costumbres que decididamente practicaré con sumo fervor.